miércoles, 26 de junio de 2013

La casa de Bernarda Alba

Este fragmento sucede en el acto segundo de la obra La casa de Bernarda Albaescrita por Federico García Lorca, luego de que La Poncia y Adela discuten sobre la exposición que decide hacer Adela con su cuerpo a horas de la madrugada frente a Pepe el Romano. El tema principal del fragmento es el de la tensión entre el deber y el deseo, entre la exterioridad y la interioridad, y entre la ley social y natural.
            El personaje de La Poncia cumple la función del coro griego, que le dice al héroe todo lo que pasa y se lo anticipa pero no puede hacer nada para evitar la tragedia. Ella quiere trabajar de empleada en una casa con honra. Poncia cuida la honra de su patrona y por eso trata de abrirle los ojos, pero ésta se niega a todo lo que le diga Poncia.
            Luego se encuentra Adela que es la más joven de todas las hermanas. Ella es la única que puede saciar su deseo de pasión reprimida ya que es la amante de Pepe el Romano.
            También se encuentra Martirio, que es resentida  la más envidiosa, sobre todo de Adela. Es la única que siempre se queda despierta hasta horas de la noche y que está pendiente de lo que pasa en cualquier momento del día.
            Finalmente, se encuentran Magdalena y Amelia que no tienen mucha participación e importancia en la trama, son personajes pasivos.
            En este extracto hay muchas tensiones que se desprenden de la lucha entre la autoridad y la libertad, por ejemplo la exterioridad – interioridad. La expresión de “Se oyen unos campanillos lejanos como a través de varios muros” se refiere a la imposibilidad y el límite que hay en esa casa, habla en forma metafórica. Por eso, en cada acto se da en escenarios más adentro que el anterior, van cerrando todo hay menos luz. Cada vez había menos posibilidades de ver al exterior y hay menos ventanas o las cierran. Las hermanas tienen el deseo de salir al exterior, un lugar donde haya luz, y no sentirse presas ni ser reprimidas y encerradas en la oscuridad:

“ADELA: ¡Ay, quién pudiera salir también a los campos!
 MAGDALENA: ¡Cada clase tiene que hacer lo suyo!”

            Las ventanas tienen un rol especial, ya que es lo que representa el afuera desde el interior y también es el lugar donde se comunican los amantes. Son el límite que permite la mirada de lo que nunca van a poder tener.

“ADELA: Vamos a verlos por la ventana de mi cuarto.
 PONCIA: Tened cuidado con no entreabrirla mucho, porque son capaces de dar un empujón para ver quién mira.”

            Por su parte, en este fragmento te demuestra que el objeto de deseo de las mujeres se encuentra en el exterior, por lo cual hay más interés en salir de esas cuatro paredes a lo externo.

“PONCIA: …Ayer de mañana llegaron los segadores. Cuarenta o cincuenta buenos mozos.”

            Por otra parte, se puede hablar de la ley natural – ley social, que trata de lo que la sociedad impone a las mujeres tener hijos una vez casadas o tener relaciones dentro del matrimonio. Si lo hacían con un hombre cualquiera o alguien a quien amaban pero sin casarse estaba muy mal visto.

“PONCIA: Hace años vino otra de éstas y yo misma di dinero a mi hijo mayor para que fuera. Los hombres necesitan estas cosas.
 ADELA: Se les perdona todo.
 AMELIA: Nacer mujer es el mayor castigo.
 MAGDALENA: Y nuestros ojos siquiera nos pertenecen.”

            Incluso en este fragmento aparece “una mujer vestida de lentejuelas y que bailaba con un acordeón”. Esta mujer representa a una prostituta, que es el rol social de darle la satisfacción que necesita el hombre. Esta clase de mujeres son el producto de la represión de la sexualidad femenina.
O también quién debe trabajar o de qué modo. Los hombres podían ser libres y trabajar en los campos mientras que las mujeres tienen el deber de cumplir con la realización de las tareas domésticas.

“MAGDALENA: Son los hombres que vuelven al trabajo.”

La honra era lo más importante en esa época, y lo que más le importaba a Bernarda, la honra externa.
Además de estas tensiones, aparecen varios símbolos en este extracto. El calor es uno. Las hermanas preferían ante todo, los meses lluviosos, fríos y hasta con escarcha. Esto se relaciona con la pasión y la sexualidad reprimida. A todas les gustaba Pepe Romano por la figura masculina que él representaba, y Adela es la única que planea hacer algo al respecto y que efectivamente lo hace. En esta situación no hay amor, sino deseo sexual y ella lo sabe. Por este motivo, hay mayor represión y mayor deseo de transgredir.

“AMELIA: ¿Qué te pasa?”
 MARTIRIO: Me sienta mal el calor.
 AMELIA: ¿No es más que eso?
 MARTIRIO: Estoy deseando que llegue noviembre, los días de lluvia, la escarcha, todo lo que no sea este verano interminable.”

            Otro símbolo es el de los colores. La obra se da en blanco y negro y en ciertas ocasiones aparece alguien con color o brillo, significando la alegría y el color correspondientes al afuera en contraposición con la blancura y luto del adentro. Por ejemplo, al estar todos de luto vestidos de negro, el vestido verde de Adela rompe con lo normal y al aparecer así, expresa la libertad.

            En conclusión, se podría decir que el final de la obra, todos los símbolos de las ventanas y el calor, y las tensiones que se desprenden de la misma, como la ley social – natural y la exterioridad – interioridad, representan de distintas maneras todos los conflictos que suceden a medida que va pasando la obra y las oposiciones ya mencionadas anteriormente.

1 comentario:

  1. Aunque todavía no se resuelve bien la conclusión y subsisten algunos errores de sintaxis y organización de las ideas, el texto está mucho mejor. Muy bien!

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